Seduce mis sentidos

OÍDO

Nuestros cuerpos danzaban de un lado a otro, sincronizándose poco a poco. Nuestras respiraciones cada vez eran más intensas. Tus labios estaban pegados a mi oído, y jadeabas sutilmente con cada respiración. Y en medio de aquella danza susurraste palabras perversas y excitantes, susurraste todo aquello que querías hacerme, con un hilo de voz entrecortada por los gemidos, cada vez más frecuentes. La danza iba acelerándose, casi podía escuchar cómo el corazón bombeaba sangre. Y, como un suspiro, igual de rápido y de inesperado, gemiste en la oscuridad de la noche y el eco se quedó atrapado en mi cabeza. Aún ahora retumba ese dulce sonido dentro de mí.

VISTA

avueltasconelsexo.wordpress.comLlegué a casa antes de tiempo, tras un duro viaje. No te avisé, pensé que quizá habrías salido. Al llegar a casa escuché el agua de la ducha correr y me acerqué al baño a saludarte. Me asomé por el resquicio de la puerta y, entre las cortinas de la ducha, vi tu cuerpo desnudo. Estaba salpicado por millones de diminutas gotas de agua que reflejaban la luz que entraba por la ventana. Parecía que hubieran esculpido el rocío en tu piel. Pequeñas mareas de espuma comenzaban a deslizarse por tu espalda, amenazando con bordear el contorno de tus glúteos. Pronto te diste cuenta de mi llegada y me sacaste del atontamiento. Pero sólo bastó una mirada para saber qué querías que hiciera.

OLFATO

Ya te has ido, pero aún queda el recuerdo de una noche sin dormir entre mis sábanas. Tu aroma sigue impregnado en mi cama, como un Channel a una Marilyn desnuda. Inspiro ese olor de mi almohada que me evoca los recuerdos de tus besos, tus caricias, tus susurros, tus gemidos, tu olor… Adoro ese aroma embriagador que desprendes, una mezcla dulzona de tu sudor mezclado con el mío, con un puñado de tu fragancia personal y una pizca de tu olor más íntimo. Aún huelo a ti, mis manos son testigos de tu recuerdo. Creo que quieren evocarte.

GUSTO

avueltasconelsexo.wordpress.comAún recuerdo aquel día que trajiste fresas y nata a la cama. Nos reímos mucho intentando que no se nos cayera nada. Aunque, inevitablemente, algo de nata cayó en tu pecho. Claramente, lo lamí hasta dejarlo limpio. Creo que te gustó, porque a partir de ese momento toda la nata empezó a caerse en sitios de lo más insospechados: por tus labios, por tu cuello, por tus pezones, por tu vientre, por tu ingle, por tu entrepierna… Yo, diligente, limpié todas esas zonas de esa nata dichosa que se aventuraba a invadir cada rincón de tu cuerpo. Pero, por supuesto, saboreé cada rincón, esa mezcla de nata y de ti. Debía estar muy bueno, porque no paré de lamer hasta que ya no te quedaron fuerzas para dejar caer más nata.

TACTO

Llegó de trabajar y yo estaba cocinando algo para comer. Antes de venir a saludarme fue a la habitación a quitarse la ropa. Al volver sus labios rozaron mi nuca y un ligero estremecimiento me recorrió la espalda. Mientras tanto, aprovechó la ocasión para abrazarme, levantándome la camiseta para sentir el roce de su piel contra la mía. Me pareció que estaba sin ropa. Sin querer (o quizá fuese queriendo) dejó caer su mano, rozando ligeramente mi entrepierna. Bastó ese gesto para encender todos los fogones de mi cocina. Parece que había llegado con hambre, quizá era hora de darle algo de comer.

Aida Castaño

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