El pene, ese gran… ¿desconocido?

Sí, yo soy el pene, un pequeño tubo con capuchón que va acompañado de dos bolitas. Sirvo para orinar, dar placer y eyacular.

avueltasconelsexo.wordpress.comDurante siglos me han venerado, me han esculpido en rocas y han hecho grabados de mis diferentes posturas y formas. Me llaman pene, falo, polla, rabo y un sinfín de nombres. A pesar de mi elevada reputación, cuando se pronuncia mi nombre se produce cierto escándalo. A veces me mencionan en contextos soeces, donde mi imagen se percibe como abrupta y de umbría. Los adolescentes tienden a dibujarme, a presumir sobre mi tamaño (a pesar de que no deseo ser muy grande, para ir más cómodo dentro de lo que ellos llaman slip) así como de la manera de poder introducirme en diferentes sitios húmedos y calentitos, donde me siento muy a gusto y feliz.

Pero vayamos poco a poco:

En mis primeros meses de vida soy pequeño y carezco de pelos, la orina se me escapa sin querer, no puedo controlarla y no puedo eyacular, pero si me tocan me levanto y produzco un gran placer. Debido a que para orinar deben tocarme con las manos, las manos y yo mantenemos una estrecha relación desde bien pequeños, ambos sabemos cómo tocarnos para sentirnos bien, nos tocamos sin pudor y sin vergüenza, a ambos nos gusta. Aunque a veces hay personas a las que no les gusta que nos acariciemos y nos regañan, nosotros no hacemos daño a nadie, sólo queremos estar a gustito. Otras veces me gusta rozarme con cosas o personas, jugando al caballito, por ejemplo, me pongo muy feliz.

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Más adelante, empiezo a crecer y me salen pelitos, además me excito con más facilidad. Hay ciertas escenas que me hacen elevarme y ponerme contento. Muchas mañanas me levanto mojado, puede que no recuerde por qué me he levantado así, pero sé que me ha gustado y me siento bien. En esa edad la relación con las manos se hace más estrecha, ahora buscamos la intimidad, ellas me masajean para eyacular y sentir un intenso placer. Esa relación se mantendrá siempre, cambiará el número de veces, las diferentes formas de hacerlo y el contexto, pero seguirá siendo estimulante y placentera.

Pasado el tiempo, en la juventud y en la edad adulta tengo relaciones con otras manos, bocas, vaginas, anos y otros falos. Todos me gustan, son diferentes. Me dan placer de una forma insólita. La vagina, la boca y el ano, están mojados y calientes, eso provoca que me den ganas de crecer y entrar y salir de ellos constantemente. Al final el resultado es el mismo que con mis manos, el placer, pero en esta ocasión lo comparto y eso es algo que me gusta. Además, mis manos siguen conmigo, ellas me ayudan a satisfacer al “pequeño” clítoris o a otro pene, o a tocar otras partes que me hacen sentir bien, de manera que todos entramos en una nube de placer donde lo importante es pasarlo bien y sentirse a gusto.

Durante esas relaciones tienden a usar conmigo forritos, así evito contagiar y que me contagien enfermedades, pero eso no me importa, la sensación sigue siendo muy agradable, y además así estoy más tranquilo y el placer es mayor.

Pero no penséis que esto del placer y la eyaculación es fácil. Yo no puedo elevarme y mantenerme en esa postura mucho tiempo. De hecho, normalmente soy pequeño y estoy escondido debajo de unos slip, me sacan cada cierto tiempo para orinar, pero en ese momento no me acarician, sino que me sacuden con brusquedad. Para ponerme erecto, tienen que ayudarme, pues soy tímido y no salgo sin más, me tienen que ayudar con imágenes visuales o imaginadas, tocamientos o sensaciones. Y una vez que empiezo a crecer no pueden abandonarme, necesito que me sigan estimulado. Aunque no siempre tengo que llegar a eyacular, hay veces que con ponerme contento me basta. Luego vuelvo a acomodarme y tan feliz.

De hecho con el tiempo la erección y la eyaculación me resultan más complicadas, pero eso no significa que deje de funcionar, sólo que al ser mayor necesito tomarme las cosas con más calma. Vamos, lo normal.

Ahora que me habéis conocido un poco más, me gustaría que me miraseis con cariño, puesto que no soy más que una pequeña protuberancia que provoca placer y no un colgajo feo situado entre las piernas de un hombre o una cosa grande que te puede romper (aunque es cierto que hay quien nos usa para hacer daño). Esta es mi historia y yo sólo soy un pene.

Irene Abad Rodríguez

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