¿Y tú de quién eres?

200420230-004Hace unos días, estando en un restaurante, había sentadas cerca de mi un grupo de chicas y, por casualidad, escuché que una de ellas preguntaba a otra interesadísima: “¿Y tú qué eres? ¿Vaginal o clitoriana?” A lo que la entrevistada respondía convencida: “¿Yo? ¡Clitoriana!” No pude evitar una sonrisilla sarcástica y en ese momento cruzó mi mente una posible presentación: “Hola. Me llamo Blanca, soy onubense y clitoriana, encantada de conocerte.”

Las mujeres tendemos a clasificarnos según unos supuestos tipos de orgasmo como si nos preguntaran que de qué equipo somos o qué tipo de sangre tenemos.

Por supuesto, las más admiradas son las pertenecientes al selecto grupo de las vaginales. ¡¿Cómo no?! ¡Si son las que llegan al orgasmo mediante la cópula con el macho! ¡Qué maravilla! ¡Qué madurez sexual! Las demás, las clitorianas, esas que sólo alcanzamos el clímax mediante la estimulación del clítoris somos unas niñatas inmaduras que no hemos pasado a la edad sexual adulta.

Para quien no haya pillado la ironía en mis palabras, esto no es más que una falacia, una reminiscencia freudiana y absurda de este modelo de sociedad en que nos criamos.

La realidad, por suerte o por desgracia, es bien distinta. Al contrario que el resto de hembras de otras especies que se reproducen mediante el coito y que tienen el clítoris en el interior de la cloaca (parte final del intestino de algunos animales), las hembras humanas hemos evolucionado en toda una serie de aspectos que nos diferencian claramente del resto de animales. El bipedismo provocó que todo nuestro aparato reproductor cambiara de posición, desplazando a nuestro órgano del placer fuera de la vagina, como todas sabemos (¡o deberíamos saber! Las que no lo supieran, no os vendría mal una autoexploración. ¡Os perdéis todo un mundo, chicas!).21225_613677848660636_237354376_n

Por otra parte, la capacidad intelectual del ser humano ha llevado a desarrollar toda una cultura del sexo en el que la reproducción es el último de los fines en la gran mayoría de los casos.

Por todo esto, queridas, la penetración no es necesaria para conseguir un orgasmo. Para llegar a él lo fundamental es estimular nuestro clítoris, sea de manera directa o indirecta. Y que quede clarísimo: NO existen orgasmos distintos. No hay un orgasmo clitoriano y otro vaginal, ni mucho menos, uno superior a otro. Es como si a los tíos cuando se corren les preguntáramos si han tenido un orgasmo “glandial” o “perianal”, por ejemplo.

Orgasmo no hay más que uno y siempre consiste en lo mismo. Es una contracción rítmica de los músculos que tenemos situados en el suelo pélvico, llamados pubococcígeos, y que aparte de darnos mucho gustito con sus espasmos, son los encargados de sujetar nuestras vísceras para que todo esté en su sitio correcto. Pero además de los pubococcígeos, también sufren contracciones el perineo, es decir, el espacio que hay entre el ano y la vagina, el ano y el útero. En el caso de los chicos, esto sucede exactamente igual, pero en lugar del útero, la que se contrae es la próstata.

Así que, chicas, dejémonos de clasificaciones, que cada persona es única e irrepetible, y pongámonos a disfrutar. El secreto está en conocerse una misma a todos los niveles, y pedir sin miedo lo que te gusta.

Nosotras acabaremos encantadas y nuestras parejas más, porque no irán dando palos de ciego. No esperéis a que os hagan, ¡pedid y pasadlo bien!

Blanca Rubio

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