Tacones Rojos

Raro. Qué palabra más definitoria, ¿verdad? A lo largo y ancho de nuestra experiencia vital nos cruzamos con muchas cosas y circunstancias que consideramos raras. Y si entramos en el terreno de la sexualidad, ¡ya ni hablamos! Pero, ¿nos hemos planteado por qué las marcamos con ese apelativo?

Que una persona se excite con determinados estímulos o prácticas sexuales, en principio no nos resulta extraño, pero si especificamos que esos estímulos son, por ejemplo, el cuero, las cuerdas, un disfraz concreto o… unos tacones rojos… ¿cómo lo calificaríamos? La primera palabra que se viene a la mente es “raro”. Es raro porque se sale de lo corriente, porque no se encuadra en lo que la sociedad considera como correcto, como normal. Pero lo que es normal en unas sociedades no lo es en otras. Sin ir más lejos, en la vecina cultura árabe, que dos hombres adultos vayan de la mano por la calle es indicativo de la gran amistad que los une, sin embargo, si esta escena la contemplamos desde la perspectiva de nuestra cultura, nos parece raro, sintomático de una homosexualidad clara. Es más, lo que es normal en una cultura puede no haberlo sido en otro tiempo dentro de esa misma cultura. Ciertos comportamientos que hace apenas unas décadas se consideraban desviados, hoy en día es difícil describirlos de esa manera.

En el campo sexual existe una gran diversidad erótica, que no es sino el reflejo de la amplia fantasía humana. A priori ningún comportamiento sexual se puede o, más bien, se debe catalogar como malo, en tanto en cuanto sea satisfactorio y placentero para la persona o personas que lo practican, siempre y cuando no sea dañino o perjudicial para la salud de uno mismo o de los que se tiene enfrente y/o sea de carácter desmesurado u obsesivo. La sexualidad humana es una fuente casi infinita de exploración. Exploración de los límites del propio cuerpo y la propia mente para elevarlos al más dulce de los placeres.

Pero desgraciadamente, en nuestra sociedad la sexualidad es un tema tabú y especialmente cuando se trata de esas conductas consideradas “raras”, casi perversas. Son perversas porque son sexualidades marginales, apartadas del orden sexual normativo en el que la sexualidad aceptada es la heterosexual y acotada a muy excepcionales momentos, aunque a estas alturas del partido pareciera que está todo ganado. Aún existe la necesidad de explicar todo comportamiento que escapa de lo que hace la mayoría. Solo en el momento en que los códigos sexuales establecidos dejen paso a la pluralidad sexual entre personas adultas que están de acuerdo en lo que hacen, desaparecerán los comportamientos “raros”, entendidos como anormales, porque de esta manera, todos los comportamientos serían norma, y por tanto, normales.

Aún es un espejismo, pero se podría conseguir, con paciencia y mucha, mucha educación. Porque en el mundo sexual, todo lo que proporcione placer, es válido y bueno, aunque sea llevando puestos unos tacones rojos.

Blanca Rubio Pérez

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